Entradas

Mostrando entradas de mayo, 2021

Abrazo

Imagen
Un abrazo que te asalte la espalda y te quiebre los miedos. Que tenga la magia de romper la soledad en partículas tan chiquitas que ya no puedas, ni siquiera, ver lo que quedó en el piso. Un abrazo que te haga vibrar del asombro y te devuelva de un golpe a la vida. Milésimas de segundos dónde entiendes que la eternidad nada tiene que ver con cuánto dure un momento, sino con la plenitud con la que lo estás viviendo. Un abrazo, una mirada y un beso en los ojos. Me gustan los besos en los ojos. Siento que solamente quien no ama, es incapaz de cerrar dos párpados con la boca. Yo ya probé. Y se lo que te digo. Un abrazo que se haga cueva en otro cuerpo que te proteja de tu respiración, cuando de tanto cansancio, se transforma en viento. Un abrazo. Fuerte. Pesado. Con ganas. Que te levante en el aire y te sirva como recuerdo cada vez que necesites un lugar a dónde ir a descansar. Eso. Un recuerdo. Más que un recuerdo. Un latido. Un abrazo que destruya todas las mentiras anteriores, todos los...

Ante la ley

Imagen
Ante la ley hay un guardián. Un campesino se presenta frente a este guardián, y solicita que le permita entrar en la Ley. Pero el guardián contesta que por ahora no puede dejarlo entrar. El hombre reflexiona y pregunta si más tarde lo dejarán entrar. -Tal vez -dice el centinela- pero no por ahora. La puerta que da a la Ley está abierta, como de costumbre; cuando el guardián se hace a un lado, el hombre se inclina para espiar. El guardián lo ve, se sonríe y le dice: -Si tu deseo es tan grande haz la prueba de entrar a pesar de mi prohibición. Pero recuerda que soy poderoso. Y sólo soy el último de los guardianes. Entre salón y salón también hay guardianes, cada uno más poderoso que el otro. Ya el tercer guardián es tan terrible que no puedo mirarlo siquiera. El campesino no había previsto estas dificultades; la Ley debería ser siempre accesible para todos, piensa, pero al fijarse en el guardián, con su abrigo de pieles, su nariz grande y aguileña, su barba negra de tártaro, rala y negra...

El recado

Imagen
Vine Martín, y no estás. Me he sentado en el peldaño de tu casa, recargada en tu puerta y pienso que en algún lugar de la ciudad, por una onda que cruza el aire, debes intuir que aquí estoy. Es este tu pedacito de jardín; tu mimosa se inclina hacia afuera y los niños al pasar le arrancan las ramas más accesibles… En la tierra, sembradas alrededor del muro, muy rectilíneas y serias veo unas flores que tienen hojas como espadas. Son azul marino, parecen soldados. Son muy graves, muy honestas. Tú también eres un soldado. Marchas por la vida, uno, dos, uno, dos… Todo tu jardín es sólido, es como tú, tiene una reciedumbre que inspira confianza. Aquí estoy contra el muro de tu casa, así como estoy a veces contra el muro de tu espalda. El sol da también contra el vidrio de tus ventanas y poco a poco se debilita porque ya es tarde. El cielo enrojecido ha calentado tu madreselva y su olor se vuelve aún más penetrante. Es el atardecer. El día va a decaer. Tu vecina pasa. No sé si me habrá visto....