«Soy Astrid, hechicera del bosque Zhor, donde habita la oscuridad. Junto a mis fieles amigos, Yin y Yang, mi misión es encontrar la luz... el equilibrio.»
Esta es mi historia...
El bosque de Zhor nunca duerme del todo. A veces parece que respira a nuestro lado, pesado y frío, mientras la luna se abre paso entre las copas de los árboles.
Me detuve un segundo para tomar aire. A mi derecha el pelo negro de Yin se mezclaba con la noche. A mi izquierda, Yang brillaba entre las sombras del bosque. No era necesario hablar. Sabía que estaban ahí, siempre vigilantes, protegiéndome las espaldas.
De pronto el aire se volvió denso. Una sombra nos vigilaba, nos seguía, un frío helado nos recorrió. Pero ya no soy la de antes.
Alcé las manos despacio, buscando en mi interior la fuerza que necesitaba y que a veces olvido que tengo. De mis palmas brotó un destello violeta, que atravesó la niebla hasta disolver la sombra por completo.
El aire se volvió respirable.
A lo lejos, tras los árboles, un destello aparecía ante nosotros, nuestra cabaña iluminaba el camino. Me agaché en la tierra mojada y rodeé el cuello de mis dos compañeros y amigos, en una caricia que decía todo.
—Ya estamos en casa —les dije muy bajito.
Y en ese instante, en mitad de la penumbra de Zhor, entendí que la luz es algo que construimos juntos cuando nos cuidamos.
