Entró en la cafetería como cada día, miré el reloj, eran las nueve en punto. Se sentó en su mesa de siempre, abrió su libro y se dispuso a leer.
Los rayos de sol entraban por la ventana. Al sacar el libro de su bolso se le cayó una llave, me agaché a recogerla y nuestras miradas se cruzaron por un instante, su mirada me desarmaba.
Las miradas dicen mucho y conectan.
ResponderEliminarMás besos dulces para ti.
Si, es cierto.
EliminarBesos😘